El deporte es cultura - La cultura del deporte

Por Natalia Freire

La Deporteca

Antimadridista



 

 

Antimadridista De todos los de la oficina sólo él y Alberto eran del Atleti. Era evidente que estaban en desventaja. Últimamente podían sacar pecho delante de todos los compañeros pero a Luis no le gustaba alardear. Le encantaba animar a su equipo, se alegraba con cada victoria y se disgustaba en cada derrota, pero no era un fanático. Era, sencillamente, un tipo fiel a sus colores. También disfrutaba viendo perder al eterno rival, por qué negarlo. Pero, ¿quién no sonríe cuando tropieza el poderoso?
 
Cada vez que el Madrid perdía llegaba a la oficina más tranquilo porque sabía que todos estarían calladitos y, como mucho, sería Alberto el que hablaría por encima de los demás.
 
Alberto se encendía demasiado cuando hablaba del Madrid. Además, siempre lo hacía a voz en grito. Tenía una retahíla de frases que soltaba como una cascada, casi sin tomar aliento: Que si El Trampas, que si siempre robando, que si prepotentes, que si tomad de vuestra medicina, que si los ricos también lloran...
 
Y como respuesta recibía una sucesión de: Que si cuantas Champions tenéis, que si la Décima, que si el minuto 93, segundones, llorones, mediocres, perdedores, patéticos...
 
El clima solía caldearse y en más de una ocasión les habían llamado la atención.
 
A Luis todo esto le incomodaba. Era del Atleti y disfrutaba con cada derrota del Madrid pero pasaba de enfrentamientos verbales con sus compañeros.
 
Todo cambió cuando apareció Ana, la chica nueva. Además de ser muy atractiva era una trabajadora incansable y eficaz.
 
Uno de esos días en los que Alberto se burlaba de una derrota de los blancos Ana intervino en la conversación declarándose una apasionada colchonera y apoyando el discurso de Alberto. Entonces Luis se puso en pie, dio un golpe en la mesa y dijo:
 
-Lo admito, soy Antimadridista.
 


 

 

 

 

 

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