El deporte es cultura - La cultura del deporte

Por Natalia Freire

La Deporteca

Bruselas-Lisboa-Milán



 
Bruselas-Lisboa-Milán


 

"Desde que nací hasta ahora". Es lo que contesta María cuando le preguntan cuántos años tiene. No aparenta los años que ha cumplido pero la coquetería no entiende de edad.
 
En 1974, siendo muy joven, María viajó a Bruselas. Viajar para acompañar al equipo de sus amores siempre fue una buena excusa. "Sigue al Atleti, conocerás mundo" es su lema.
 
El estadio de Heysel, con aquellas gradas de pie en las que crecía la hierba, le pareció antiguo comparado con el modernísimo Vicente Calderón.
 
Luis, su jugador favorito, marcó el gol que les daba el campeonato pero el tal Schwarzenbeck terminó con su ilusión de un disparo desde fuera del área que no sólo perforó la portería del Atleti, también perforó su corazón rojiblanco. Desde entonces, le cogió manía al Bayern aunque bien es cierto que con el paso de los años se le fue pasando. Confiesa que, a pesar del dolor de perder la Final del 74, en 1999, en la Final contra el Manchester United que el Bayern perdió en los minutos de descuento de un partido que tenían ganado, sintió tal compasión al ver a los alemanes llorar, desolados, sobre el césped del Camp Nou, que olvidó su rencor.
 
También dice que cuando el Atleti ganó la Intercontinental fue como "un bálsamo para la herida de Bruselas". Igual que para nosotros la Supercopa de España después de Lisboa.
 
María siguió viajando con el equipo. Partidos de Liga, Finales de Copa, la Final de la Recopa en Lyon...
 
-Aquella no dolió tanto como la de Bruselas porque nos metieron el primero en el minuto 5. Fue una derrota menos cruel -suele decir.
 
Desde entonces no hubo más finales europeas para María. Hasta Hamburgo. Pero no pudo ir. A su marido le acababan de diagnosticar un cáncer y la Final coincidía con los días de tratamiento de quimioterapia. Con las entradas que correspondían a sus abonos viajaron sus sobrinos. Nada más terminar el partido recibió la llamada de su sobrina que la llamaba desde el estadio. Le dijo que si el Atleti había ganado esa Europa League, su tío también ganaría la batalla al cáncer.
 
María sí estuvo en Bucarest. Después del partido, mientras estaba esperando el autobús que les llevaba de vuelta al aeropuerto, riendo feliz por la victoria ante el Athletic, dijo:
 
-¡Hacía mucho que no me reía tanto!
 
-Justo un año, Mamá. Desde que murió Papá –le contestó su hija.
 
María también estuvo en 2012 en la Supercopa de Mónaco contra el Chelsea y en 2013 en la Final de Copa en el Bernabéu contra el Real Madrid. Pero la ilusión con la que viajó a la Final de Lisboa fue distinta, especial. 40 años de diferencia entre la primera y la segunda.
 
En los días previos asistió a los homenajes que la Peña Los 50 organizó para aquellos jugadores, sus jugadores, que estuvieron en Bruselas. Sólo hacía unos meses del fallecimiento de Luis. El Atleti había sido Campeón de Liga después de casi 20 años. Y ya tenía una edad. Muchas circunstancias indicaban que aquella Final de Lisboa era su Final.
 
Cuando el rival empató el partido al filo del minuto 93, María exclamó:
 
-¡No puede ser que 40 años después nos pase lo mismo!
 
Pasó el resto del tiempo consolando a su hija que no paró de llorar durante ese interminable viaje de vuelta a Madrid.
 
-Tienes que superarlo. Algún día lo conseguiremos. Seguro que podrás ver al Atleti ganando una Champions. Yo lo voy a tener más difícil...
 
En eso se equivocó. Aunque era fácil hecerlo. ¿Quién iba a pensar que sólo dos años después el Atleti disputaría otra Final de Champions? María también estará en Milán. Y quién sabe, puede que cuando acabe el partido, al mismo tiempo que ella esté mirando al cielo recordando a los que ya no están, el Atleti esté levantando la Copa de Europa.
 


 

 

 

 
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