El deporte es cultura - La cultura del deporte

Por Natalia Freire

La Deporteca

Como lluvia en el desierto



 
Yo soy el futbolista secreto

 

Desde que se fue siempre que marca un gol, tiene una actuación destacada o sufre una lesión recibo un mensaje de Rafa Beato, mi compañero de Radio Marca Bilbao. Él sabe bien que ese jugador que defiende los colores del equipo de su ciudad y que antes defendió los del equipo de mi alma sigue teniendo un lugar privilegiado en mi corazón. Y es que desde que mi Hombre Tranquilo está en el Athletic Club yo también me siento un poco zurigorri.
 
Temí que podía perderle cuando comprobé que no estaba en la lista de convocados del segundo partido de Liga 2015-16 en el Sánchjez Pizjuán. Traté de negar la evidencia porque me resistía a aceptar que dejaría de cabalgar con nosotros ahora que el viento soplaba a favor y el clima era cálido para marcharse al norte, a un lugar frío y agreste donde no tenía amigos y en el que muchos le detestaban, entre otras cosas, porque fue el primero en arrebatarles el tesoro que guardaban en su casa. Aquellos 3 puntos arrancados de las entrañas de La Catedral bajo la lluvia y el viento se convirtieron en un símbolo de fuerza y fe para todos nosotros. En cambio para ellos nuestro héroe era un villano infame al que muchos odiaban.
 
Aquel segundo partido de Liga un 30 de agosto de 2015 él no estaba en el campo sino en la grada pero todos pensábamos en él, empezando por sus compañeros. Tuve la certeza de lo inevitable cuando celebraron el primer gol señalando la grada y marcando un 8 con sus manos. Cada uno de los tres goles que marcaron esa tarde de verano fue dedicado a ese hombre sencillo y aguerrido. Él, tratando de ocultar su emoción apretando los dientes y las manos, presenciaba cómo los que habían sido sus socios, sus hermanos, y el jefe de esa banda de forajidos que lleva algunos años sembrando el pánico en las tranquilas vidas de los ricos y poderosos, le rendían homenaje.
 
Mientras observaba aquellas imágenes yo también apreté los dientes y las manos tratando de evitar el temblor que me provocaba saber que mis temores se confirmaban. Mi hombre se marchaba. Me iba a dejar.
 
A partir de ese momento me dio igual la victoria importantísima ante un gran rival como el Sevilla F.C, me dio igual que el arranque de temporada hubiera sido excelente, me dio igual que mi equipo hubiera mostrado credenciales para ganarlo todo porque sólo podía pensar en que él se iba a marchar.
 
Como si se tratara de uno de esos momentos previos a la muerte que se muestran en el cine en el que en la escena se suceden instantes de una vida a toda velocidad, mis recuerdos sobre Raúl García desfilaron por mi memoria de manera vertiginosa.
 
Recordé que cuando supe de su fichaje por el Atleti me burlé hasta de su nombre comparándolo con otros más sonoros y originales. Que cuando le vi sobre el campo pensé que sí, que mucha voluntad, pero clase, ninguna. Que jugar con él en el once inicial era como jugar con un tronco enorme que sólo servía para molestar. Que incluso murmuraba descontenta cuando le veía calentar en la banda a la espera de saltar al campo a sustituir a un compañero. Que respiré aliviada cuando salió cedido al Atlético Osasuna porque nos habíamos quitado un peso de encima. ¡Cuán injusta fui!
 
Futbolista-Secreto También recordé que a pesar de ser tan injusta él nunca me miró mal, nunca hizo un gesto de molestia, nunca dijo nada que pudiera molestarme. Al contrario. Su silencio pausado, su mirada sincera y su sonrisa amable me dejaban sin argumentos y hasta me hacían sentir culpable.
 
Recordé que cuando volvió al Atleti en 2012 me sorprendí al verle brillar cuando por fin Simeone le colocó como media punta, su lugar natural, el sitio donde más daño hace al rival. Y pensé que si nuestro líder espiritual estaba convencido de que se quedara, yo también. In Cholo We Trust.
 
Recordé que me asombró leer en el libro Koke. Uno de los nuestros de Juan Esteban Rodríguez que fue el jugador que más le llamó la atención a la perla rojiblanca en sus primeros entrenamientos con un equipo en el que había estrellas como el Kun Agüero o Forlán. Recordé sus goles y sus asistencias en aquella temporada de ensueño en 2014. Recordé que cada vez que los partidos se enredaban él llegaba y deshacía el lío. Recordé que cada vez que marcaba un gol o daba una asistencia muchos en las gradas del Calderón nos mirábamos y decíamos: Nos está cerrando la boca. Callabocas, empezamos a llamarle.
 
Recordé cómo empecé a adorarle, partido a partido, pase a pase, gol a gol. Que deseé que estuviera siempre en mi equipo. Raúl García y 10 más. Que me enorgulleció que igualara a Luis y que llevara su número en la espalda. Que cada noche aparecía en mis sueños de fútbol y que aquélla en San Mamés, bajo la lluvia y el viento, le declaré amor eterno.
 
Futbolista-SecretoAl día siguiente de confirmar su llegada al Athletic Club recibí la llamada de Rafa Beato. Él sabía que yo amaba a ese hombre detestado por los aficionados bilbaínos por su pasado atlético, navarro y madrileño. Quería saber por qué los hinchas y sus compañeros sentíamos tanto su marcha y, aún así, la bendecíamos.
 
Le conté todo y le advertí que pronto ellos también le amarían tanto como nosotros. Y no me equivoqué porque se ganó a la parroquia de San Mamés desde el primer partido.
 
Soy feliz al verle triunfar y verle querido por los que le odiaron. Otra victoria más en su historial de guerrero incansable. Rafa lo sabe y por eso se acuerda de mí cada vez que marca un gol o me informa puntualmente de su estado si sufre una lesión. Sabe que le echo de menos como se añora la lluvia en el desierto.
 
Desde que se fue una vieja melodía suena en mi cabeza. La canturreo cada vez que le veo triunfar en el otro equipo o cada vez que mi equipo se estrella contra un rival. Él era la llave, el arma secreta que arreglaba cualquier problema.
 
De vez en cuando vuelvo a leer esto y me siento, como dice la letra de esa vieja canción, como si caminara por su calle y pasara por delante de su puerta. Sé que ya no vive allí, que está lejos y que no va a volver. Pero vuelvo a ese lugar como en la historia que cuenta la canción. Viajo hasta allí porque le echo de menos, como el desierto a la lluvia.
 

Everything But The Girl - Missing



 


 

 

 

 

 

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