El deporte es cultura - La cultura del deporte

Por Natalia Freire

La Deporteca

Gente cantando



 
Gente cantando

 

Nada más terminar el partido de Liga frente al Málaga los fieles del Atlético empezamos a pensar en el Bayern. Hasta ese momento nos contuvimos porque nuestro líder espiritual, el Cholo Simeone, así nos lo hizo aprender. Partido a partido, ya saben. Sus mensajes están tan incorporados a nuestra vida que desde que nos devolvió la fe en nuestro equipo vivimos cada partido, cada jornada laboral o cada rato de ocio, como si fuera el último porque, bien lo sabemos, tal como están las cosas, podría serlo.
 
Desde el sábado por la noche estuve contando las horas que faltaban para el encuentro, mirando el reloj con la ilusión de un escolar que espera la hora del recreo. Porque eso es el Atleti para mí: La hora del recreo. Esos minutos en los que sabes que, ganes o pierdas el partido, en el patio tendrás a unos colegas cerca para abrazarte si marcas gol o animarte si lo encajas.
 
A partir del domingo todo fueron llamamientos a la épica y a la revancha de la Final que se escapó en 1974. Pero no se equivoquen. Aquella Final la perdió el Atleti y la ganó el Bayern del mismo modo que la de Lisboa la ganó el Madrid y la perdió el Atleti. Ni el Madrid ni el Bayern nos deben nada. Es el Atleti el que le debe a una afición irreductible la posibilidad de curar esa herida que aún sangra. La revancha que nuestros mayores esperan desde hace 42 años no es contra el Bayern, es contra nosotros mismos.
 
Las calles estaban llenas de gente cantando, felices y esperanzados, agitando bufandas y banderas. Jamás me encontré con tanta gente conocida ni conocí a tanta gente. Los habituales, los nuevos, los de siempre, los esporádicos. Amigos de amigos llegados desde todas las partes del mundo. Hombres, mujeres y niños de toda clase y condición cantando, celebrando que el Atleti iba a jugar una Semifinal de Champions, abrazándose y sellando una conjura común: pase lo que pase, vamos a darlo todo.
 
Yo no podía contener la emoción. Compartir momentos previos a los partidos con mis compatriotas de la Nación Atlética me elevan hasta el cielo aunque haya pasado un día en el infierno.
 
A media hora del comienzo del partido no cabía un alfiler en los aledaños del estadio y los cánticos se sucedían entrelazando melodías, bailes, bengalas y humo. Poco a poco fuimos entrando al templo. El tifo, el ambiente y la animación, están garantizados en días así. La grada siempre es un espectáculo. En algunos estadios la gente graba con los móviles a las estrellas que juegan sobre el césped. En el Calderón, lo que merece la pena grabar es a la AFICIÓN. Hasta los jugadores saben lo importante que son los aficionados.
 

Tweet de Saul

 
Pero, como dice mi amigo Santi, si el equipo se deja la piel en el campo, cómo no vamos a hacerlo nosotros en la grada.
 
Durante el partido sólo se hizo el silencio durante unos segundos, justo cuando se cantaba el himno y Alaba estrellaba un balón en el palo. Fue como si alguien estuviera controlando la escena con un mando a distancia y pulsara el Pause durante tres eternos segundos. Pero, a pesar del susto, la gente siguió cantando.
 
A veces pienso que la energía viaja desde todos los lugares en los que hay un aficionado del Atleti hasta el Calderón. Que durante el partido hay miles de atléticos por el planeta cantando las mismas canciones desde sus casas, desde los bares o desde más allá de los muros del templo al mismo tiempo que los que estamos en las gradas. Que en el campo no cantamos sólo 50.000 almas, cantamos todos los atléticos del mundo, y que también cantan los que están en el tercer anfiteatro porque si no, no es posible que se genere tanta energía.
 
La gente siguió catando cuando acabó el partido, algo que en los últimos tiempos se ha convertido en una costumbre. Quedarse en las gradas durante más de 15 minutos después del final del encuentro es una forma de agradecer el esfuerzo y mostrar el apoyo para el siguiente.
 
Las canciones continuaron en las escaleras, en las puertas, en la calle... Caminar fuera del estadio, con gente en todas direcciones que continuaba cantando 'Atleti yo te amo, Alé, alé, alé...' y moviendo sus banderas y bufandas, fue lo más emocionante de la noche.
 
Muchos atléticos estarán en Munich cantando a nuestro equipo. Yo, como muchos otros, también cantaré, pero desde casa, y enviaré mi energía a los que estén en las gradas del Allianz Arena. Estoy convencida de que la sentirán porque, pase lo que pase en Munich, lo que estamos viviendo con este equipo y con este cuerpo técnico, es irrepetible. Disfrutemos y cantemos porque nuestras canciones son la llave que abre la puerta a nuestros sueños.
 

Gente cantando

 

 

 

 

 

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