El deporte es cultura - Los Abrazos Perdidos

Por Natalia Freire

La Deporteca

Los Abrazos Perdidos



 
Los Abrazos Perdidos

 


 
Os echo de menos. Son muchos días sin veros. Pero es mi trabajo. Tengo que aguantar.
 
Nuestro vecino empezó a sentirse mal y le ingresaron. No salió del hospital.
 
Aléjaos, por favor. No puedo abrazaros aunque vivamos bajo el mismo techo porque he estado en contacto con afectados y puedo estar contagiada. Nada de abrazos. No os acerquéis a mí hasta que se cumplan los 14 días.
 
Mi abuela falleció esta mañana. Mi abuelo está muy mal y no tardará mucho en seguirla.
 
Me equivoqué al quedarme aquí en vez de irme contigo. No pensé que estaríamos tanto tiempo separados.
 
La mejor amiga de mi madre, con la que tomaba café cada tarde, ha muerto. Mi madre no encuentra consuelo.
 
Hace seis semanas que no veo a nadie conocido. No puedo reírme ni enfadarme con nadie.
 
Acabo de enterarme de que ha muerto un compañero. Hemos perdido a un gran profesional y a una gran persona.
 
No creo que pueda estar sola mucho tiempo más. Me voy a volver loca. Ayer ni siquiera salí al balcón a aplaudir.
 
Por fin nació mi nieto pero solo hemos podido verle por la pantalla del móvil. ¡Qué ganas tan grandes de abrazarle a él y a mi hija!
 
Si esto dura mucho nos espera una ruina. Con lo que nos costó abrir el negocio.
 
Mamá se fue anoche. Parecía estar bien porque la habían bajado a planta. Pero de pronto…
 
Lo peor de todo es que nadie ha podido coger su mano cuando partía. La familia no ha podido reunirse para acompañar y abrazar a sus hijos en el velatorio. Nadie ha podido abrazar a su esposa desconsolada.
 
Los que se han ido. Los que se están yendo. Los que nos quedamos.
 
Todas estas palabras las hemos escuchado o leído durante estas seis semanas y a todas respondimos con un: 'te mando un abrazo'. Todos hemos enviado abrazos de ánimo, cariño y consuelo a través de una pantalla o un teléfono. Pero no son como los de verdad.
 
Sin embargo, tendremos que recuperarlos. Esos mensajes virtuales se han convertido en resguardos para canjearlos por abrazos de verdad cuando todo esto acabe. Y serán, como dice mi amiga Ana Olivo, abrazos de más de seis segundos. Estamos acumulando tantos resguardos que es posible que pasemos otras seis semanas repartiendo abrazos. Pero esos sí llegarán a sus destinatarios. No serán abrazos perdidos.
 


 

 

 

 

 

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