El deporte es cultura - La cultura del deporte

Por Natalia Freire

La Deporteca

El Regalo de María


Maria Villota
María me hizo un regalo. Nunca nos conocimos en persona; jamás mantuvimos una conversación. Nunca nos dimos un abrazo ni hablamos de nuestras cosas y, aun así, nos conocíamos. Por eso me hizo el regalo.
 
A mí María me caía muy bien. Era una mujer bellísima, de esas que inspiran a los ilustradores para crear superheroínas de comics y no sólo por su aspecto físico sino por lo que representaba en el mundo: una mujer de apariencia frágil y dulce pero con un espíritu aventurero y transgresor.
 
Ella quería triunfar en un mundo de hombres. Quería ser piloto de Fórmula 1. Su padre también fue piloto y ella se crió entre neumáticos y aroma de aceite de motor. Desde que era una niña disfrutó viendo a su padre competir en la pista. Que él le pidiera que contara las vueltas en los entrenamientos o que le sujetara el casco un momento era un orgullo para ella.
 
Y a su padre le gustaba ver la carita de la pequeña María, tan emocionada. Lo que no le gustó fue que, pasados algunos años, le dijera que ella también quería ser piloto.
 
A los 16 años ya empezó a competir. Por sus venas corría gasolina en vez de sangre. Poco a poco empezó a hacerse un hueco en un mundo en el que el papel de las mujeres se limitaba al diseño o a la ingeniería. Muy pocas lo habían intentado. Ninguna lo había conseguido.
 
María lo hizo. Al principio al resto de pilotos (hombres) les hacía gracia verla en las reuniones previas a las carreras. La rubia españolita que se cree piloto de carreras. Hasta que empezó a ganarles. Entonces, ya no les hacía tanta gracia.
 
Maria Villota Atletico de Madrid Por entonces, yo ya la admiraba por muchas razones. La primera, por su humildad. Nunca quiso que le regalaran nada por el simple hecho de ser mujer. La segunda, por su constancia. A pesar de las decepciones nunca se vino abajo. La tercera, por su simpatía. Siempre atendía a los medios y a los fans con una sonrisa. Y la cuarta, porque lo consiguió. Logró formar parte de un equipo de Fórmula 1 que la contrató como piloto probador.
 
Y encima, era del Atleti. Eso fue determinante para acabar de conquistarme. Además de ser una mujer capaz de triunfar en un mundo casi exclusivo para los hombres conducía un monoplaza con el escudo del Atleti. No me quedó otro remedio que declararle amor eterno.
 
Y cuando María estaba viviendo su sueño de niña, ocurrió.
 
El accidente casi acabó con ella. Le salvaron la vida pero aquello la apartó de las carreras. Su imagen cambió. Tuvieron que operarla varias veces. María tardó en aceptar que no volvería a pilotar un Fórmula 1, que todo el esfuerzo no había servido para nada. Que su sueño se había hecho pedazos cuando se hizo pedazos su cráneo. Verse en el espejo no la ayudó. Había perdido muchas cosas en un solo impacto. Sufrió mucho. Se sintió perdida, abatida, sola y muy, muy enfadada.
 
 
Hasta que se dio cuenta de que no estaba sola. No estaba perdida. No estaba enfadada. Lo que le ocurría es que estaba viva.
 
Maria Villota Foto Javier Salas para El MundoCuando lo entendió se vistió de azul. Se pintó los labios de rojo. Nunca más salió de su casa sin sus labios rojos. Se acercó a la gente, a toda la gente, y escribió un libro; el que me regaló a mí y a todos los que alguna vez hemos soñado. A los que alguna vez tocamos un sueño con la punta de los dedos. A los que vimos cómo el sueño se rompía en mil pedazos. A los que nos sentimos solos y perdidos. A los que, en medio de la oscuridad, encontramos una luz, pequeña, pero intensa. A los que miramos en nuestro corazón y encontramos la fuerza para encarar lo que viniera. A los que, cuando supimos que no estábamos solos, tendimos nuestra mano a otros que seguían pensándolo. A los que nos dimos cuenta de que el final puede ser un principio. A los que comprendimos que un problema puede ser una oportunidad para dar lo mejor de nosotros mismos. Porque la vida es para vivirla.
 
Maria De Villota Libro Eso es lo que hizo María hasta que, como la princesa de un cuento, se sumió en un dulce sueño del que no despertó.
 

Dicen que uno no muere mientras alguien le recuerda. Creo que a María la vamos a recordar muchas personas. Yo la recordaré siempre por lo que representó para mí como mujer, por lo que logró, por cómo vivió y por el regalo que me dejó: su ejemplo. Con María aprendí que, pase lo que pase, LA VIDA ES UN REGALO


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