El deporte es cultura - La cultura del deporte

Por Natalia Freire

La Deporteca

Raquetas y claquetas



 
Raquetas y claquetas


 

El tenis aparece en el cine en muchas escenas de manera puntual pero sólo en contadas ocasiones ha sido utilizado como parte principal del argumento. Sin embargo, algo especial debe tener si dos genios del séptimo arte como Alfred Hitchcock y Woody Allen lo utilizaron como tema de fondo en dos grandes películas. Hitchcock lo hizo en Extraños en un tren (1951) y Allen en Match Point (2005).
 
Extraños en un tren está basada en una novela de Patricia Highsmith. Cuando Hitchcock la leyó se hizo rápidamente con sus derechos cinematográficos porque encontró argumentos suficientes para convertirla en una de sus mejores películas.
 
Cuenta la historia de un famoso tenista, interpretado por Farley Granger, que durante un viaje en tren entabla conversación con otro pasajero, interpretado por Robert Walker. El desconocido sabe todo sobre la vida del tenista, que tiene problemas en su matrimonio y que ama a otra mujer. Él a su vez le cuenta que odia a su padre. Así que le propone un crimen perfecto que liberaría sus vidas: él mataría a su mujer y el tenista a su padre. Nadie sospecharía nada porque nada los relaciona.
 

Extraños en un tren


 
Ya no cuento más porque no quiero desvelar el final pero os recomiendo que veáis Extraños en un tren porque a pesar de ser una de las películas menos conocidas de la cinematografía de Alfred Hitchcock es, sin lugar a dudas, una obra maestra. Sólo un detalle. De entre todas las escenas de tenis de la película la más estremecedora es en la que el perverso pasajero se encuentra entre la gente que presencia un partido y mantiene fija su mirada en el tenista mientras el público mira a un lado y a otro siguiendo la pelota en juego.
 
Por su parte, Woody Allen convirtió a su personaje principal en Match Point, interpretado por Jonathan Rhys-Meyers, en profesor de tenis que utiliza el deporte como vehículo para entrar en el mundo al que le gustaría pertenecer. El tenis alcanza su momento más interesante de forma metafórica en la escena en la que un anillo lanzado al río choca contra la barandilla y cae del lado del suelo en vez de al agua estableciendo un paralelismo entre la vida y el tenis puesto que una bola que cae a un lado u otro de la red determina que el punto sea ganador o no.
 

Match Point


 
Hitchcock y Allen utilizaron el tenis en sus películas porque es uno de los deportes más cinematográficos que existen. Al comienzo de cada partido se crea entre el público un clima similar al de los cines o de los teatros. Hay expectación, murmullos e ilusión por lo que se va a ver y justo antes de que empiece el primer set, es decir, la primera escena, se hace el silencio. Esto se repite en cada punto como si fueran escenas de un drama.
 
La similitud con el cine se acrecienta en las retransmisiones televisivas de los partidos. La cámara se acerca a los rostros de los jugadores con primeros planos. En sus caras podemos adivinar sus sensaciones, sus temores, si se sienten con fuerza para remontar o si cada vez están más perdidos. Y con los planos del público podemos conocer a esos secundarios de la historia, el entrenador, la madre, la novia o la panda de amiguetes que siempre acompaña al protagonista/tenista.
 
Es posible que Richard Locraine viera claro estos paralelismos entre la vida y el tenis o puede que sea aficionado al tenis en general y al torneo de Wimbledon en particular, el caso es que decidió dirigir la película Wimbledon (2004). Está producida por Working Title Films y sigue la línea de sus anteriores películas: Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill y El diario de Bridget Jones.
 
No es una obra maestra como las de Hitchcock y Allen pero cuenta con un elenco lo suficientemente bueno como para defender dignamente tanto el guión como cada uno de los personajes.
 
Paul Bettany interpreta a Peter Colt, un veterano tenista que está al borde de la retirada y que es invitado a participar en el torneo para que esta invitación se convierta en un buen colofón a su modesta carrera y Kirsten Dunst a Lizzie Bradbury, una tenista estadounidense que lucha por ser la número uno y que tiene un padre, interpretado por Sam Neill, que la valora por su nivel competitivo. Además hay que destacar la aportación de Bernard Hill, al que muchos conocen por su papel del Rey Theoden en la saga de El Señor de los Anillos o por el Capitán en Titanic, que interpreta al padre de Peter Colt, un personaje muy divertido y desconcertante.
 
En cuanto a la parte puramente deportiva hay varios detalles importantes por destacar. Algunas de las escenas de los partidos están rodadas en las instalaciones del All England Club durante la celebración del torneo y con público real. Los actores que actuaron en esas escenas declararon que las gradas de la pista central imponían más que cualquier teatro del mundo. También pidieron permiso para rodar en los vestuarios de los socios pero no se lo concedieron por tratarse de un club privado, así que construyeron una réplica aproximada. Aun así, las localizaciones reales aportan credibilidad a todas las escenas. Esto también sucede con las apariciones de dos ganadores de Wimbledon, John Mc Enroe y Chris Evert, que intervienen como comentaristas televisivos durante las escenas de los partidos. Pero lo más sorprendente es algo que contó el extenista australiano Pat Cash, ganador de Wimbledon en 1987, y que fue el encargado de entrenar a los actores. Su misión era que se movieran como tenistas profesionales aunque las bolas que lanzaran no entraran en las líneas. De eso ya se encargarían los informáticos. Lo sorprendente es que al concentrarse tanto en corregir la posición corporal las pelotas acabaron entrando.
 

Wimbledon


 


 

 

 

 

 

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