El deporte es cultura - La cultura del deporte

Por Natalia Freire

La Deporteca

Un buen comienzo



 
El escudo no se toca

 


 
La portada de este post es la foto de una pegatina que tuve en mis manos unas semanas después de anunciarse la desaparición del escudo para poner en su lugar un logotipo de acuerdo con los nuevos tiempos. He de decir que a mí el escudo me gusta más con el borde en amarillo, pero sin dudarlo la pegué en mi coche para que todo el mundo conociera mis sentimientos. Porque eso es el Atleti para mí. Un sentimiento, una adicción, un amor inexplicable que me tortura y satisface a partes iguales.
 
Con la mutación de escudo a logo se ahorraba una pasta en la producción porque no es lo mismo una impreión con cuatricomía que con dos colores. La idea era vender más con un coste menor. Sin embargo, se está vendiendo menos. No hay más que ver los continuos descuentos en la tienda oficial. En cambio, los que están funcionando son los fabricantes de réplicas de los productos antiguos.
 
Las camisetas de las pasadas temporadas, incluso esa negra con el escudo monocromo en amarillo que tanto nos disgustaba a muchos o la espaldiroja que nos recordaba al Numancia, fueron desapareciendo de las tiendas oficiales al final de la última temporada porque los aficionados las fuimos comprando al precio que fuera. Sabíamos que serían las últimas con nuestro escudo. Hasta nació un movimiento en redes sociales en el que nos íbamos informando de los lugares en los que aún se vendían camisetas “de las buenas”. Información de servicio, vaya. Era una forma de agarrarse a algo que nos une e identifica. Ese sentimiento de pertenencia del que tanto habla el Cholo y que necesita de símbolos para sobrevivir.
 
Y hablando de símbolos. Hemos cambiado un estadio que era una caldera entre cuyos viejos muros encontrábamos más que amigos, hermanos, por una mansión para turistas con visita guiada. Jamás vi tantos en el Calderón como los que he visto en esta primera temporada en el Metropolitano. Hemos arañado las rayas de la camiseta como quien araña los sueños de un niño. Hasta el Indy ha cambiado tanto que mi hijo de 7 años me preguntó al ver el nuevo si era el hijo vampiro del verdadero Indy. Fijaos bien en el nuevo Indy porque lo clavó. Bendita sea la imaginación de los niños.
 
Tantos cambios nos han descolocado pero no nos han anestesiado. El murmullo ha sido incesante en este año y medio y ha sido el fondo sur del Metropolitano el que ha recogido ese murmullo y lo ha convertido en una protesta organizada justo en el mes en el que el club cumple 115 años.
 
Será porque las redes sociales no son reflejo de toda la sociedad, será porque los 12.000 nuevos abonados necesitan un tiempo de adaptación como los nuevos fichajes que llegan al equipo, será porque los socios de más edad no saben ni lo que es Change.org ni tienen perfil de Twitter, pero poco a poco ese murmullo se está convirtiendo en un clamor.
 
Aún podemos hacer que el Metropolitano sea un estadio en el que se levanten banderas y bufandas en vez de teléfonos móviles. Al que acudan miles de fieles y no de curiosos. En el que se respire amor y pasión, no postureo y modernidad. Un buen comienzo sería recuperar el escudo. Así quizás también podríamos rescatar el espíritu del añorado Calderón.
 


 

 

 

 

 

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