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Por Natalia Freire

La Deporteca

Héroes bajo los palos



 
Héroes bajo los palos


 

Durante la Liga, la Champions y especialmente durante la Eurocopa de Francia las actuaciones de los porteros han sido determinantes. En un partido igualado el papel de los guardametas es fundamental. Pero aunque en ocasiones se convierten en los absolutos protagonistas, como ocurre durante los lanzamientos de penalti, la mayoría del tiempo interpretan un papel secundario. Hombres solitarios, tipos raros que celebran solos los goles mientras sus compañeros se abrazan a cien metros de distancia o que se lamentan hablando entre dientes mientras sacan el balón de su portería cuando encajan un gol.
 
Guardametas, goleros, arqueros, cancerberos, porteros... En el fútbol clásico solían llevar el número 1 en la camiseta. Futbolistas con una fuerte personalidad, seguros de sí mismos y a la vez tímidos e introvertidos. Algunas veces se convierten en héroes salvando a sus equipos en una tanda de penaltis o desviando una volea que se colaba por la escuadra. Puede que por eso Javier Sanz eligiera este título para su libro publicado por T&B Editores: Héroes bajo los palos. El prólogo es de José Antonio Martín Petón y epílogo de Lorenzo Díaz.
 
El autor del libro, Javier Sanz, es profesor de la Unidad de la Historia de la Medicina en la Universidad Complutense de Madrid donde explica a sus alumnos la historia de la medicina. Algunos se preguntarán qué pinta un profesor de Historia de la Medicina escribiendo un libro sobre porteros.
 
Pues resulta que Javier Sanz también es portero. Lo fue en sus mejores años en el Club Deportivo Sigüenza, su ciudad natal. Y, como Albert Camus, muchas de las experiencias que vivió de joven en el campo de juego le sirvieron de lecciones para afrontar algunas de las situaciones que después le ha planteado la vida. Javier Sanz se enorgullece contando que muchas veces, a mitad de la noche, se despierta colocando la barrera o estirándose para enviar un balón a córner y confiesa que uno de sus sueños siempre fue jugar en el equipo de sus amores, el Athletic Club de Bilbao.
 
Con este libro Javier Sanz cumple otro sueño: homenajear a esos héroes que ya forman parte de la memoria colectiva. En Héroes bajo los palos encontraréis nombres de guardametas legendarios como Ricardo Zamora El Divino, un portero de época que fue referencia para las primeras generaciones de guardametas. Y a Antonio Ramallets, una combinación perfecta de elegancia y eficacia. Amadeo Carrizo, el pionero del juego con los pies, patrón de los arqueros sudamericanos. Y Antonio Carbajal, que tiene el récord de participaciones en los Mundiales. Cinco veces fue mundialista este mexicano.
 
Uno de los que más me llamó la atención fue Antonio Betancourt, que perteneció a la plantilla del Real Madrid de las Copas de Europa. Su seriedad y sobriedad en la portería facilitó los éxitos de aquel equipo pero no fue tan famoso como el resto de sus compañeros.
 
En este elenco hay muchos hombres que fueron comparados con animales. Arañas, monos, gatos, conejos, panteras y hasta una marrana, apodo con el que se conocía al portero mejicano Felipe Castañeda que sembraba su meta de amuletos para perjudicar al rival y que, cada vez que atrapaba el balón, lo bautizaba con un salivazo.
 
Y hablando de supersticiones, también hay un capítulo a esa nube oscura que de vez en cuando se cierne sobre algún cancerbero. Por cierto que cancerbero es el nombre con el que se conoce en la mitología a los perros de varias cabezas que vigilan las puertas del infierno.
 
Algunos de ellos fueron perseguidos y sufrieron las consecuencias de las guerras, como Rudi Hiden el portero austriaco perseguido por el nazismo. O de la política, como el mítico Jose Ángel Iríbar cuya imagen aparece en la contraportada de este libro y que en una ocasión declaró que dejaba la Selección porque había recibido amenazas por parte de la banda terrorista ETA.
 
Supersticiones, leyendas negras y mala suerte como la de Jesús Castro, portero del Sporting y hermano de Enrique Castro Quini, que murió en aguas del cantábrico tras salvar a dos niños ingleses de morir ahogados.
 
Sin embargo algo tendrán estos hombres serios, solitarios (algunos dicen que para ser portero hay que estar un poco loco), para que grandes de la literatura les dediquen poemas. Como Miguel Hernández en su Elegía al Guardameta y Rafael Alberti en su Oda a Platko.
 
Vladimir Nabokov fue portero y así lo cuenta en Habla Memoria. Mario Benedetti habla de ello en Conciliar el sueño y Eduardo Galeano en El Arquero.
 
Y su relación no es sólo con las letras. También con la música. Pavarotti, Julio Iglesias o Nicky Byrne fueron porteros. El Mono Burgos es rockero y Pinto, rapero. Todos ellos fueron en algún momento Héroes bajo los palos.
 

Héroes bajo los palos


 


 

 

 

 

 

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