El deporte es cultura - La cultura del deporte

Por Natalia Freire

La Deporteca

Viento en contra



 
Viento en contra

 

El viento en contra le impedía avanzar. Trataba de correr pero las rachas eran tan fuertes que cuando cambiaban de dirección hasta le hacían perder el equilibrio. Las hojas de los árboles que el viento había arrancado ferozmente chocaban contra su cuerpo y algunas ramas se doblaban a su paso como si fueran brazos de una diabólica naturaleza que quisiera impedirle continuar. Su pierna se quedó enganchada en una de ellas y el pantalón se rasgó a la altura del muslo. Ahogó un grito de dolor al sentir lo que le pareció el zarpazo de un tigre pero continuó corriendo. La arena que levantaban las ráfagas se le metía en los ojos y el viento frío aullaba en sus oídos como diciéndole: Detente, no puedes vencerme.
 
Bajó la mirada y observó su sombra en el suelo. Con el sol a su espalda descubrió que la silueta de su pelo rodeando su cabeza parecía un fantasma que intentara arañar su cara, golpearla sin piedad hasta que decidiera detenerse. Entonces el viento sopló tan fuerte que la empujó hacia atrás. Desesperada, gritó de rabia. El esfuerzo era enorme. Le faltaba el aliento. Jadeando, frenó. Por un momento pensó en volver pero sólo dejo de correr. Continuó caminando, apretando los dientes y los puños, ahogando un sollozo que era una mezcla de furia y derrota.
 
Aquella carrera se parecía bastante a lo que había sido su vida últimamente. Tratando de avanzar con mucho esfuerzo y sin apenas lograrlo, llegando incluso a plantearse abandonar el camino elegido. Frenar, pararse, rendirse...
 
Levantó la vista. A lo lejos adivinó la meta. Se dijo una vez más que ella no era de las que abandonaban y decidió continuar, más despacio, sí, pero hacia adelante. Caminó con la cabeza fija en el suelo, olvidando los metros que aún le faltaban y tratando de concentrarse en recuperar el aliento. Cuando lo hubo hecho apretó el paso y comenzó a correr de nuevo. Antes de lo que esperaba cruzó la meta. Se detuvo un momento y observó el camino que acababa de recorrer. Estaba agotada. No sabía si después de tanto esfuerzo le quedarían fuerzas para regresar. Giró sobre sus pies en esa dirección y de pronto notó que el viento le golpeó la espalda como lo habría hecho un amigo que la empujara a seguir hacia adelante, como si la animara justo en el momento en el que ella creía que estaba todo perdido. El golpe de viento la empujó con fuerza, casi violentamente, pero el impulso le sirvió para avanzar mucho más de lo que lo habría hecho sola.
 
Comenzó a correr con largas zancadas, avanzando rápidamente. El frío viento que se colaba por el roto de su pantalón secó la sangre de su herida y alivió su dolor. El sol, que ahora calentaba su rostro, serenó su alma. Sonrió y pensó que el esfuerzo había valido la pena. Lo bueno de correr con el viento en contra es que a la vuelta lo llevas a favor.
 


 

 

 

 

 

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